Historia


Bable a la escuela y autonomía rexonal

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Güei, que nun queda na más que la tercera parte la batería funcionando, (per pocu tiempu, ya que ta tan estropiá como la “B” que trancó-se dafechu fai dos selmanes), ve-se a les clares la política’l gobiernu no que cinca al futuru social/endustrial de Mieres y Asturies: el desmantelamientu como’n fechu consumau. Y tien, ca vegá, que ser más ñidio pa toos, que delantre unos fechos que se mos imponen na más pue opone-se la fuercia d’otros fechos, na más van valir les baces de fuercia que tienen los trabayaores y xente’n xeneral: l’ación fuerte na cai y nos tayos.

Delantre la crítica situación na que s’enserta el Conceyu Mieres y Conceyos del Caudal, los nacionalistes revolucionarios, sopelexamos afayaízo falar de tres coses, ya dend’equí, y sabiendo que ye la nuestra primera y insuficiente toma postura; y partiendo dende’l sofitu dafechu militante de nuestru a toles aciones entamaes y programaes pelos trabayaores de la Fábrica y la xente de Mieres. (más…)

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Esti xueves 23 d’abril va presentase na Xunta Xeneral del Principáu’l “Proyecto de Constitución Federal del Estado Asturiano”, reedición d’una Constitución que los federales asturianos redactaron en 1883, obra desaparecida por más d’un sieglu y de la que se creía nun quedaba nengún exemplar. Sicasí recientemente l’historiador xixonés Sergio Sánchez Collantes atopó un exemplar, que ye’l qu’agora se reedita con un estudiu introductoriu del propiu investigador.

El testu reeditáu por TREA ye d’una edición fecha en Xixón en 1890, y acompáñalu un estudiu introductoriu del historiador Sergio Sánchez Collantes (Xixón, 1979), especialista nel republicanismu asturianu nel sieglu XIX y que yá tien publicaos otros estudios sobre el republicanismu asturianu como “Los republicanos en la villa de Gijón y los orígenes del Ateneo Obrero” (2005) y “Demócratas de antaño. Republicanos y republicanismos en el Gijón decimonónico” (2007). (más…)

2009-04-21

La Nueva España (14/04/2009)

Ernesto Burgos

Aún existen carlistas. Se dividen en dos corrientes completamente opuestas emplazadas en los dos extremos del raíl político: los unos siguen defendiendo a machamartillo a Dios, la patria y el Rey legítimo -que para ellos no es Juan Carlos I, sino uno de sus parientes lejanos-; los otros son laicos, federalistas y republicanos. Los primeros, tradicionalistas, tuvieron su último paradigma asturiano en Jesús Evaristo Casariego, al que aún recuerdo paseando con porte pretencioso, erguido y envuelto en una capa española por las calles de Oviedo y que hasta el momento de su muerte alimentó desde su finca en Barcellina (Valdés) su propia leyenda negándose a beber otro alcohol que no fuese el vino español o la sidra asturiana y colocando un cartel que se hizo popular en los años de la transición en el que prohibía la entrada en su casa a los curas sin sotana y las mujeres con pantalones.

Los que yo conozco ahora son de izquierdas y si usted les pregunta cómo se puede cocer un carlismo republicano le contestarán sin dudarlo que de la misma forma que un socialismo sin lucha de clases? y tienen razón: si el siglo XX fue un cambalache, no vean lo que puede llegar a ser el XXI.

Otras veces les he contado los episodios más conocidos que protagonizaron las partidas legitimistas por nuestras cuencas y he traído a esta página a sus protagonistas, sobre todo a Faes, el más conocido y recordado por sus acciones y su gallardía, que encandilaba a las mozas de La Pasera, pero hoy voy a narrarles la última intentona de sus herederos, que se quedó en eso, más que nada porque se produjo en una época que no le correspondía y cuando la gente ya pensaba en otras cosas.

Todo empezó con el desastre de 1898, tras la pérdida de la España ultramarina y la toma de conciencia de que este país había pasado de golpe desde la división de honor a la tercera. Con la caída de Cuba se puso un punto y aparte en nuestra historia y fueron muchos los que quisieron taponar la hemorragia a su manera. Los militares enterraron a sus muertos, que como ocurre en todas las guerra eran más nuestros que suyos; los escritores lo intentaron adecuando su estilo y su temática a lo que querían leer en aquel momento sus compatriotas; los obreros empezaron a pensar en cambiar el mundo por otros métodos; los políticos hicieron lo de siempre y se pasaron meses culpándose mutuamente; los Borbones no movieron ni una pestaña y los carlistas, en fin, volvieron a lo único que sabían hacer: echarse al monte. (más…)

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Álvaro Fernández de Miranda y Vives. La Junta General del Principado de Asturias. Bosquejo histórico. Establecimiento Tipográfico «La Cruz», Oviedo 1916, 38+2 páginas

Álvaro Fernández de Miranda (1855-1924), Vizconde de Campogrande y miembro de la Real Academia de Historia, publicó este bosquejo histórico de La Junta General del Principado de Asturias, con el objetivo principal de conseguir fondos para la causa del regionalismo asturianista de Vázquez de Mella, en la que Miranda se encontraba inmerso

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Autores: Álvaro Fernández de Miranda, Ceferino Alonso y José González

P. ¿Cuál es la Patria de los asturianos?

R. ASTURIAS y por extensión ESPAÑA, que es la continuación histórico geográfica y política del  ESTADO ASTURIANO, al cual debe el ser.

P. ¿Entonces ASTURIAS fue un ESTADO?

R. Cuando encarno la personalidad total de la nación española, fue un ESTADO SOBERANO EN ABSOLUTO; más tarde por la omnímoda libertad e independencia, facultades y atribuciones de que gozó, vino a ser de hecho UN ESTADO DENTRO DE OTRO SUPERIOR.

P. Y ahora, pasando al orden político, ¿llegó Asturias a legislar?

R. Indudablemente; por medio de la Junta General de Principado, que era la Representación asturiana o las Cortes de Asturias.

P. ¿Cuándo alcanzo la Junta el mayor apogeo de sus atribuciones como organismo de gobierno?

R. Desde los tiempos de Juan I al crear el Principado de Asturias, hasta el entronizamiento de la Casa de Borbón.

P. ¿Qué hecho corroboró en tiempo de Enrique IV la importancia y autoridad de la Junta?

R. El juramento que prestó dicho Rey en manos de un delegado asturiano, comprometiéndose en nombre propio, en el del Príncipe y en el de los sucesores de ambos, a no inmiscuirse jamás en asuntos de gobierno privativos del Principado. (más…)

La Nueva España. Cuencas. (14/06/2005)

Un grupo de conservadores compuso en 1934 un poema sobre el carlista más famoso de las Cuencas

En la Asturias de 1934, mientras los mineros querían cambiar el mundo, un grupo de añorantes del antiguo régimen componía en Oviedo uno de los poemas más ripiosos jamás escritos en la región, loando las hazañas de José Faes, un personaje del que prometí escribir hace unas semanas. Como ejemplo, sirvan unos versos: «En la Pasera de Mieres / las mozas están llorando / y hasta el tren que va a la fábrica / silva más triste y más largo, / en el fondo de las minas / las candelas se apagaron / y el Caudal, desde los montes, / trae aguas de amargo llanto…», sin comentarios.

¿Qué quién fue Faes? El carlista más famoso de las Cuencas; allerano, de familia pobre -sus padres labradores y él minero-, un hombre que no quiso conformarse con el papel que le asignó el destino. Al inaugurarse la Escuela de Capataces de Mieres su matrícula estuvo entre las primeras, pero en seguida sobresalió más por lucir su palmito en las romerías que por su aplicación en las aulas y pronto se dio cuenta de que su vida estaba llamada a seguir otros caminos. Así que en 1872, cuando tenía 24 años, se echó al monte y, aunque sus andanzas sólo duraron dos años, tuvo tiempo para convertirse en un mito del tradicionalismo regional. (más…)

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La Nueva España (18/04/2005)

Como es sabido, a la muerte del rey Fernando VII en septiembre de 1833, los españoles se dividieron en dos bandos e iniciaron una guerra civil que de una u otra forma iba a prolongarse más de cien años, teniendo su epílogo en el alzamiento militar que puso fin a la II República.

Ideológicamente, los liberales se colocaron al lado de la futura Isabel II, y los conservadores, absolutistas y ultramontanos defendieron la legitimidad de su tío Carlos María Isidro y por ello fueron llamados carlistas. Aunque tenían su mayor fuerza en el muy católico País Vasco- Navarro, contaban también con partidarios que operaban en pequeños grupos guerrilleros repartidos por toda la Península.

Por supuesto las Cuencas no eran una excepción, y así, a los pocos meses de la muerte del rey, ya se habían registrado severos enfrentamientos, como el asalto a la guarnición de Santullano por los restos de la partida que había levantado en Siero Benito Escandón, o la liberación de presos en la cárcel de Pola de Laviana por el cabecilla Baíño, que acabaría muriendo poco después en otro choque con la milicia urbana que operaba en un Mieres que aún no era ayuntamiento independiente.

También en Blimea y Pelúgano se habían producido ataques contra las tropas del Gobierno y por las aldeas se conocían las correrías de Bernardo Sánchez, Argüelles, Castañón y José Villanueva, entre otros. Todos eran seguidores de Dios, la patria y el rey, y todos en el monte como mandaba la tradición.
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Javier Cubero

Durante esti añu 2008 viemos como’l bicentenariu del entamu en Madril de la llamada Guerra d’Independencia (1808-1814) resultó ser un soporte de supuesta “lexitimidá histórica” pa un nacionalismu españolista anováu na so ofensiva actual pa recuperar espacios sociales y cuotes de poder. Asina la macro-urbe que se construyó mediante l’absorción de toa triba d’enerxíes sociales d’una nación Castellana desmantelada estructuralmente foi escenariu d’un costosu y lluxosu espectáculu de reactivación mitolóxica, pos otra vuelta más los recursos historiográficos sirven pa proxectar sobre la sociedá un discursu identitariu determináu nel que lo “madrilano” conviértese nel paradigma perfectu de lo “español” yá se trate de 1808, de 1908 o de 2008. Frente a esti resurdir de les “esencies” centralistes convendría recordar ente otres coses que foi precisamente l’usurpador Xosé Bonaparte’l primer monarca qu’usó de forma oficial el títulu de “Rei d’España” o que lo que desgastara verdaderamente les fuerzes invasores fuera l’aición espontánea y autónoma d’unes guerrilles rurales que disperses pela xeografía hispánica carecíen de cualesquier tipu de centru directivu real. (más…)

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La Nueva España (25/05/2006)

Xuan Xosé Sánchez Vicente

Algunos asturianos sabrán, sin duda, cuál es el significado histórico del 25 de mayo de 1808. En esa ocasión, y como respuesta a las tropelías napoleónicas, se suceden diversos altercados populares en Uviéu, que tienen como colofón el que la Xunta Xeneral del Principáu, el órgano soberano de Asturies, declara por sí y ante sí la guerra a Francia y envía embajadores a Londres para pedir el auxilio de Inglaterra. El recuerdo de aquella fecha aparece hoy en día ligado a los sectores nacionalistas / asturianistas y es relativamente reciente su escasamente popular conmemoración, desde no más atrás de 1978.

¿Pero cuál fue su significado histórico para las generaciones que sucedieron al hecho? ¿Y qué valor daban a su protagonista institucional, la Xunta Xeneral? Un país desvertebrado y eviscerado, como el nuestro, tiene, por lo general, escasa profundidad de campo en su visión de la historia, que se reduce, si acaso, a las décadas más recientes. En ese sentido, el relato mítico de la izquierda establecería un tiempo de tinieblas, tras el cual se abriría la luz del progreso con la industrialización, el proletariado y las organizaciones obreras. Tras la vuelta a las tinieblas, con la dictadura, se trataría ahora de reemprender aquella marcha truncada. El relato mítico de la derecha postula algo semejante (aunque de manera más vergonzante): tras los tiempos de oprobio y caos del rojerío vendría el orden y la paz establecidos por Franco; el imperio del tiempo presente es dar continuidad a aquella paz escasamente entrópica de la dictadura. Fuera de esos dos frentes no habrían existido otras ideas, propuestas o fórmulas políticas
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