La política asturiana: 1878-1899

El Comercio, Gijón, Especial 125 Aniversario, 2 de septiembre de 2003, pág. 18.

Jose Girón Garrote


Cuando ve la luz El Comercio en la villa de Jovellanos España inicia una nueva etapa histórica. En el panorama político pocas son las diferencias de Asturias con respecto a España. Cambian los personajes, la tramoya y el escenario, pero el guión es casi el mismo. Conservadores y liberales defienden el orden establecido, mientras que carlistas, republicanos y socialistas intentan –empleando diferentes procedimientos– derribarlo. Los primeros utilizan para asegurar su predominio la corrupción electoral, la coacción, el fraude, el encasillado y el caciquismo. Los republicanos y socialistas defienden los valores democráticos, intentan propagar sus ideas a través de la prensa, de los mítines, tratan de movilizar a las clases populares, y alientan a los electores a utilizar el voto para cambiar el régimen político.

Con la Restauración borbónica de 1875, Antonio Cánovas del Castillo establece un Gobierno de carácter autoritario. Sin embargo, la llegada al poder de los liberales de Sagasta en 1881 significa una democratización del sistema al aprobarse la ley de imprenta, de reunión, de asociación y finalmente el sufragio universal en 1890. Desde entonces, España se configura como una democracia representativa a la altura de los países con estructuras políticas más modernas. Sin embargo, la práctica política cotidiana nos conduce a una definición distinta: la oligarquía y el caciquismo alteran substancialmente el marco legal en el que se desarrolla la vida política de la Restauración.

En Asturias, el sistema de partidos durante las dos décadas iniciales de la Restauración está formado por carlistas, conservadores y liberales, republicanos y socialistas.

El carlismo, desde su derrota en el campo militar en 1876, se mantuvo en completo retraimiento hasta la década final del siglo. Por ello, muchos carlistas se suman a la Unión Católica fundada por Alejandro Pidal en 1881 y, más tarde, entran en el Partido Conservador. La reorganización del carlismo comienza en 1892 cuando visita el Principado el conde de Casasola. En esa época existen 19 comités locales diseminados por toda la región, entre ellos Gijón, y concejales en varios Ayuntamientos. Con ocasión de la crisis del 98, el carlismo intenta alzarse en armas contra el Gobierno. En agosto aparecen partidas en Laviana y Aller, y es detenido el presidente de la Junta Regional, Alejandro Argüelles.

El Partido Conservador tiene desde sus inicios una considerable fuerza debido a la incorporación al mismo de las importantes fuerzas del Partido Moderado. Hasta su fallecimiento en 1879 el marqués de Gastañaga dirige a los conservadores asturianos. Le sucede el conde de Toreno que había realizado su carrera política en la Corte: alcalde de Madrid, ministro de Fomento y Estado, y presidente del Congreso. Con la muerte del conde de Toreno en 1890, la provincia queda en manos de Alejandro Pidal y Mon durante mas de veinte años. Natural de Villaviciosa, diputado a Cortes, destaca como apasionado y hábil orador en las Constituyentes de 1876 defendiendo la unidad católica. Gracias a su influencia en el seno del partido alcanza relevantes cargos: ministro de Fomento, presidente del Congreso de los Diputados en tres legislaturas y embajador de España ante la Santa Sede. Por su prestigio es propuesto para dirigir el partido al morir Antonio Cánovas pero declina el cargo a favor de Francisco Silvela. Simultáneamente convierte Asturias en su feudo personal. Establece una tupida red de caciques provinciales y locales por medio de los cuales mantiene un control férreo sobre la provincia. Toda la política asturiana pasaba por sus manos y nada se hacía sin su consentimiento. Concediendo favores y prebendas se atraía a los caciques locales, los cuales a su vez ‘domesticaban’ a los electores para que los candidatos conservadores obtuvieran los votos necesarios para triunfar en las elecciones.

El Partido Liberal inicia la Restauración con dificultades. Los hombres de la Unión Liberal que había dirigido el marqués de Camposagrado antes de la revolución del 68 se unen más tarde a los restos del progresismo que logra reunir Sagasta. Sólo la presencia de José Posada Herrera logra contener la dispersión de los liberales asturianos. Cuando en 1880 se funda el Partido Liberal, Posada Herrera forma parte del primer grupo dirigente. Después ocupa la Presidencia del Consejo de Ministros entre el 13 de octubre de 1883 y el 18 de enero de 1884. Pero el error de Posada Herrera fue, dada su posición preeminente, no formar una organización partidista estable y coherente. A partir de su fallecimiento en 1885 y durante muchos años, el liberalismo asturiano sufre un fraccionamiento interno en tres grupos liderados por el marqués de Teverga, los hermanos Suárez Inclán y el marqués de la Vega de Anzo. Las razones de dicha división fueron no sólo de índole ideológica, sino también motivadas por enemistades personales. La consecuencia inmediata es que, ante la ausencia de un Partido Liberal fuerte, los conservadores de Pidal ocupan casi todo el espacio político de los partidos dinásticos.

Tras el fracaso de la Primera República, en 1873, el movimiento republicano queda profundamente dividido, por motivaciones doctrinales, de procedimiento y por diferencias personales. Cuatro son los partidos republicanos con implantación en Asturias en estos años.

El Partido Republicano Posibilista dirigido por Emilio Castelar tiene una fuerte presencia en los concejos de Oviedo y Siero gracias al arraigo y prestigio personal de su máximo dirigente regional. José María Celleruelo y Poviones había sido durante la I República gobernador civil de Segovia, Almería y Alicante, y subsecretario del Ministerio de Gobernación, y pertenecía al grupo de íntimos colaboradores del gran tribuno. Otra figura importante del posibilismo es el catedrático y novelista Leopoldo Alas ‘Clarín’. Decidida por Castelar la disolución del partido en 1890, los posibilistas asturianos permanecen algunos años con identidad propia para acabar integrándose en las filas sagastinas.

La implantación del Partido Republicano Progresista, acaudillado por Manuel Ruiz Zorrilla, es importante en la zona central de la provincia. Funcionan comités en varias localidades, principalmente en Gijón y Oviedo. Uno de sus principales dirigentes es Leoncio Cid, catedrático de Geografía e Historia del Instituto de Jovellanos de Gijón.

El Partido Republicano Centralista fundado por Nicolás Salmerón en 1887, mantiene en Asturias un estimable arraigo debido a la vinculación de varios distinguidos asturianos con aquel. Así, Manuel Pedregal y Cañedo (ministro de Hacienda de la I República) y Rafael María de Labra pertenecían al grupo de dirigentes nacionales. Otros como José González Alegre, Indalecio Corugedo, Adolfo González Posada y Adolfo Alvarez Buylla lideraban el partido en la región.

El Partido Republicano Federal presidido por Francisco Pi y Margall es el que mantiene una mayor organización e implantación regional. Existen comités estables organizados en varias localidades, pero tenemos que hacer mención destacada del de Gijón por su extraordinario dinamismo a lo largo de las dos últimas décadas del siglo. Por ejemplo, en 1893 existen tres comités federales (Gijón, Tremañes y Natahoyo), un Casino y una Juventud Federal. Algunos de los principales dirigentes federales son, entre otros, Eladio Carreño, Eduardo Morán y Facundo Valdés.

El Partido Socialista Obrero Español fundado por Pablo Iglesias en 1879 tarda algún tiempo en organizarse en tierras asturianas. La primera agrupación se constituye en Gijón el 4 de diciembre de 1891 y, tres meses después, en Oviedo. Cinco años más tarde -en 1897- comienzan a nacer las primeras agrupaciones en las cuencas mineras (Mieres y Langreo). Un acontecimiento digno de destacar es la decisión de la Agrupación de Gijón, en septiembre de 1896, de publicar un periódico quincenal titulado ‘La Aurora Social’. Con motivo de los motines populares ocurridos en mayo de 1898 el periódico es suspendido, y reaparece el año siguiente en Oviedo. Para los socialistas asturianos dirigidos por Eduardo Varela y Manuel Vigil Montoto, entre otros, este período de final del siglo XIX corresponde a su inicial implantación en las zonas urbanas y mineras de la región.

Hasta aquí, unas breves pinceladas de las fuerzas políticas existentes en nuestra región durante las dos décadas finales del siglo XIX.

Jose Girón Garrote es profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo

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