Daniel Guerra: “El PSOE tuvo espacio para presentarse en Cataluña con sus siglas”

El Mundo

28/07/2918

Jorge del Palacio

El politólogo Daniel Guerra (Barcelona, 1967), profesor en la Universidad de Sevilla, ha dedicado su carrera académica a estudiar el complejo desarrollo de la cuestión territorial en España en los siglo XIX y XX. Al igual que su maestro, el catedrático Andrés de Blas Guerrero, su obra reivindica el diálogo entre la Ciencia Política y la Historia. Su primer libro, Socialismo español y federalismo (1873-1976), publicado en 2013 por la editorial KRK y la Fundación José Barreiro, analizaba la relación del PSOE con la cuestión nacional en España desde los orígenes del movimiento obrero hasta la Transición. Una aportación fundamental cuyas tesis aún sirven para explicar los debates del presente. Su interés por la cuestión nacional española ha tenido continuidad con la reciente publicación de sendas antologías de textos, El pensamiento territorial de la Segunda República española (2016) y El pensamiento territorial del siglo XIX español (1812, 1869 y 1873) (2018), ambas a cargo de la editorial sevillana Athenaica.

El PSOE, como todos los partidos obreros de inspiración marxista, nace con una posición crítica frente al nacionalismo y, en particular, frente a las pequeñas nacionalidades. ¿Cuál fue el fundamento de las primeras críticas del socialismo español al nacionalismo vasco y catalán?

El PSOE nació, en 1879, jacobino, influido por la visión negativa de los nacionalismos que dominaba entonces en el socialismo y el liberalismo europeos, que eran internacionalistas. La cuestión nacional dio bastantes quebraderos de cabeza a Marx y sus seguidores porque no entendían la fidelidad de muchos obreros a la identidad nacional por encima de la de clase. Pero el socialismo se marcaba como meta fundamental la lucha de clases, la transformación de la propiedad, la mejora de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores, y todo lo que interfiriera en esa lucha se percibía negativamente. Por ejemplo, las fronteras y las identidades nacionales. Así, el socialismo español de entonces veía que los movimientos nacionalistas, como el vasco o el catalán, no eran movimientos de liberación general sino estrategias de la burguesía para dividir y distraer a la clase obrera.
Sin embargo, esta posición jacobina del PSOE empieza a ser matizada en la Restauración. ¿Cómo y por qué se produce este fenómeno?
Por su institucionalización. Manteniendo una retórica revolucionaria, pacta con los republicanos y entra en los ayuntamientos a finales del XIX, luego en Cortes en 1910, apoya la Ley de Mancomunidades en 1912 en defensa de la autonomía municipal… A partir del X Congreso de 1915 entran nuevos dirigentes krausistas y republicanos que, bajo la guía de Giner de los Ríos, comprenden el organicismo regional dentro de la nación española. Esos primeros socialistas comenzaban a percibir que una cierta descentralización del Estado caciquil podía democratizarlo sin amenazar la unidad y la igualdad. En cierto momento, su opinión del nacionalismo catalán de Cambó cambia porque creen que representa una burguesía industrial avanzada que puede modernizar el Estado. De ahí la presencia de Pablo Iglesias en la Asamblea de Parlamentarios de 1917 y el apoyo de Besteiro a los diputados catalanistas que se retiran de las Cortes en 1918, cuando el Gobierno de García Prieto rechaza la primera iniciativa estatutaria para Cataluña. Sin embargo, seguirán muy alejados del nacionalismo vasco, al que ven demasiado reaccionario y monolítico.
El PSOE actual ha hecho del federalismo la respuesta a la cuestión territorial española. ¿Cuándo se incorpora esta idea al partido?
El federalismo como término se usa esporádicamente desde principios de siglo en algunos mítines, sobre todo en el País Vasco. Perezagua ya lo menciona en algún frontón, y luego Felipe Carretero. Y también los socialistas catalanes, como Fabra Ribas en su famosa polémica con Nin en 1914. Es decir, allí donde hay nacionalismos, para contrarrestarlos. Pero es un federalismo que se basa en la descentralización, en la autonomía regional, en la igualdad, nada que ver con la teoría pactista de Pi y Margall. Hablan alternativamente de “federalismo” y de “autonomismo”, sin distinguirlos con claridad. Sin embargo, los socialistas catalanistas lo defienden en una línea mucho más decidida porque conocen el austromarxismo y el concepto de plurinacionalidad. Ellos, con el apoyo de Besteiro, introducen la moción a favor de la “Confederación republicana de nacionalidades ibéricas” en el XI Congreso de 1918. Hasta entonces, el PSOE no se había manifestado en ningún congreso sobre el tema. Votaron algo que la mayoría de delegados ni se enteraron, porque no llegó al pleno. Al año siguiente la cambiaron, de la mano de Prieto, por otra más moderada y autonomista.
En todo caso, el PSOE rechaza expresamente el federalismo en la II República. ¿Cuáles son sus razones?
Al final de la dictadura de Primo de Rivera, como de la de Franco, el PSOE coqueteó con el federalismo y asumió planteamientos de los nacionalismos subestatales, por un empacho de nacionalismo español de derechas. Algunos dirigentes, como Araquistáin, se proclamaban abiertamente federalistas. Pero, como en 1978, a la hora de hacer la nueva Constitución se volvió a una posición más prudente y se rechazó, junto a muchos republicanos, que la República fuera federal. Jiménez de Asúa, en la presentación del proyecto, lo justificó con tres argumentos: que el federalismo era igualitario y había demasiado desequilibrio regional, que los Estados federales conocidos se estaban centralizando, y que cómo se iba a constituir un Estado federal que ya existía. Ésto también se lo dijeron a Pi y Margall en los debates constituyentes de 1869 y 1873. Las clases políticas de entonces no veían la posibilidad de que un Estado unitario se pudiera federalizar, sino solo la federación de territorios previamente independientes. Kelsen admitía en 1925, en su Teoría General del Estado, esa posibilidad mediante la reforma constitucional, pero al parecer lo desconocían. Al final propusieron el Estado integral, un sistema abierto y gradual de autonomía regional pensando sobre todo en Cataluña.
El concepto de federalismo en el PSOE actual no es unívoco. No tiene el mismo significado si lo utiliza Javier Fernández o un representante del PSC. ¿Cuáles son las principales diferencias en tu opinión?
Aquí muchos hablamos de federalismo pero no todos hablamos de lo mismo. Hay quien piensa en el federalismo en un sentido orgánico y cooperativo, muy cercano al autonomismo, simplemente para organizar un Estado compuesto y políticamente descentralizado. Los hay que defienden un Estado federal en un sentido competitivo, como una unión de territorios diversos con poderes propios que los pueden ampliar libremente dentro de un marco constitucional flexible. Finalmente, el federalismo plurinacional va más allá y contempla la soberanía concurrente de territorios nacionales con una identidad propia. Hay federalismo de arriba abajo o de abajo arriba, de devolución o de agregación, y ahora también federalismo simétrico y asimétrico. En la tercera asamblea del Partido Federal, de 1872, Salmerón y Pi y Maragall ya presentaron dos proyectos federales distintos para España: el orgánico, descentralizador, y el sinalagmático, basado en el pacto entre territorios. Y en España, además, se defiende la plurinacionalidad. Esas diferencias también han atravesado y atraviesan al PSOE. Antes de proponer un Estado federal para España, deberíamos aclarar de qué federalismo estamos hablando.
En su obra señala que los choques entre el PSOE y el PSC en torno a la cuestión nacional no son una cuestión del presente, sino que tienen una raíz histórica ¿Cuáles son las principales diferencias?
El PSOE proviene del internacionalismo obrero y marxista, mientras que el socialismo catalán procede del republicanismo federal, más reformista y con una orientación catalanista por la influencia de Almirall. Este socialismo catalanista ha funcionado más como una corriente progresista del nacionalismo catalán que como corriente catalana del socialismo español, con quien ha tenido relaciones ambivalentes. Entre 1914 y 1918 quisieron federalizar al PSOE, como antes dije, pero se rechazó esa vía y en 1923 constituyeron la Unió Socialista de Catalunya de la mano de Serra y Campalans. En 1933 hubo otro intento de fusión, que tampoco cuajó. De hecho, la USC era un apéndice de ERC. Socialismo español y catalanista siempre han sido distintos, ideológica y orgánicamente. Y, en mi opinión, el Congreso de Unidad de 1977 no resolvió realmente esas diferencias.
Tomando su última afirmación, y aunque sea un ejercicio de historia política alternativa, ¿cree que se han dado las condiciones para que el PSOE se presentase en Cataluña con sus propias siglas?
Creo que ha tenido espacio político para ello, porque el PSC no lo ha cubierto nunca, aunque a veces lo ha intentado. Ahora lo cubre Ciudadanos, precisamente por eso. En realidad, ha habido dos electorados socialistas en Cataluña, que se han sumado en las elecciones generales pero no en las autonómicas desde 1980, donde el electorado identificado con el PSOE, en torno a la mitad, se ha abstenido. Y eso se puede decir a nivel más general: contra lo que se ha creído durante mucho tiempo, nunca ha habido realmente una unidad entre las dos comunidades culturales y lingüísticas de Cataluña, con dos identidades nacionales distintas, a pesar de los esfuerzos de PSUC y PSC y de la transversalidad de una sociedad moderna como la catalana. Pero hay esa línea de fractura de fondo. El pujolismo la tapó, y la Cataluña charnega consintió su nacionalismo porque no era separatista. Pero todo eso ha saltado por los aires con su transformación en independentismo. Las dos cosas van ligadas: el socialismo catalán nunca ha estado unido, y Cataluña nunca ha sido un solo pueblo.
El clima político del ‘procés’ ha llevado al PSC a profundizar en la línea nacionalista que ya avanza con Maragall, hasta el punto de coquetear con el derecho a decidir. ¿Cree que si la situación en Cataluña sigue radicalizándose corre peligro la unidad socialista?
Como dije antes, creo que esa unidad nunca se ha dado plenamente. El electorado socialista identificado con el PSOE se ha decidido mayoritariamente por Ciudadanos, porque lo que busca es una opción real al nacionalismo, no otro partido catalanista. La necesidad de mantener la relación con el PSOE, por difícil que sea, ha llevado al PSC a mantener durante algunos años una posición intermedia muy comprometida, lo que le ha generado fugas hacia ERC por el otro lado. Como diría Valdano, ERC y Ciudadanos le han achicado los espacios al PSC. Hoy Iceta sólo puede mantener el que les queda. Quizá el nuevo contexto de diálogo le dé un mayor protagonismo y le permita ampliar en parte ese espacio.
En todo caso, el Partido Socialistas Obrero Español reproduce en su organización la tensión entre comunidades que buscan profundizar en su singularidad y otras que no aceptan más asimetría en el Estado. ¿Qué fórmula federal puede satisfacer ambas demandas?
El debate se plantea en términos de autogobierno de los territorios frente a igualdad de los ciudadanos. Han presentado dos propuestas de reforma: en la Declaración de Granada, de 2013, bajo la dirección de Pérez Rubalcaba, dominaba la visión simétrica; en la de Barcelona, de 2017, pactada con el PSC y ya con Pedro Sánchez, es más asimétrica y se llega a reconocer una cierta plurinacionalidad de España. Veremos si llegan a una síntesis.
¿Cuál es el alcance de esa propuesta plurinacional del PSOE y de dónde viene?
Es una propuesta de Luis Carretero y de su hijo Anselmo, durante el exilio mexicano y la transición, cuando éste era senador castellano. Besteiro y Largo Caballero ya habían reconocido la nacionalidad catalana cuando apoyaron el Estatuto de 1919. Incluso Araquistáin, en 1930, contempló su derecho de autodeterminación, como hiciera Azaña en el encuentro de intelectuales castellanos y catalanes del mismo año, aunque después se desdijo. Pero, como digo, fueron opiniones puntuales y minoritarias. Carretero plantea la fórmula de «nación de naciones» como una nación política compuesta de nacionalidades culturales. Rechazaba el Estado plurinacional porque decía que España no era Yugoslavia. En realidad, es una fórmula que compromete poco al mantener la soberanía unitaria del pueblo español, un reconocimiento más bien retórico. Podría ser una fórmula de síntesis aceptable, pero es difícil que cuaje porque para unos no dice nada y, para otros, dice demasiado.

La serie de entrevistas Los intelectuales y España reanudará su publicación el 8 de septiembre.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Internacional. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s